La primera huelga de mujeres de Málaga

Foto Fin de la jornada en la faena de la pasa, hacia 1910, Estampas de Málaga, SUR

La primera huelga de mujeres de Málaga

Que a estas alturas os diga que me gusta la Historia puede resultaros una obviedad. Pero un día como hoy, 8 de marzo y con convocatoria de huelga incluida, no puedo más que acordarme de un conflicto con el que me topé en la licenciatura, la que puede considerarse como la primera huelga de mujeres de Málaga, en 1890, y que pese a ello no he vuelto a ver en ninguna otra publicación. Así pues, sirva este día como excusa perfecta para recordar a aquellas mujeres.

Para daros un poco de contexto, el inicio de la industrialización de Málaga podemos situarlo aproximadamente entre los años 30 y 60 del siglo XIX, en esta etapa coincidieron la disponibilidad de capitales, el desarrollo del puerto y del comercio, así como la existencia de una burguesía dinámica receptiva a las nuevas tecnologías.  La siderurgia y el sector algodonero fueron los motores, y el pistoletazo de salida fue la construcción de los primeros altos hornos que funcionarían en España, concretamente en Marbella, mediante el moderno sistema inglés de fundición de hierros a manos de Manuel Agustín Heredia, que continuaría con su fabrica “La Constancia” en Málaga. Por su parte en 1846 se inició el otro sector paradigmático, el textil algodonero, de mano del I Marqués de Larios, al abrir “La Industria Malagueña”, una moderna fábrica textil dotada con los últimos adelantos tecnológicos ingleses (selfactinas para el hilado, telares mecánicos, máquinas de vapor etc.) que se colocará entre las más importantes de España, y a ella le siguió “La Aurora” aunque de menores dimensiones. Fue a finales de siglo cuando empezaron las dificultades para el textil algodonero, cosa que repercutiría directamente en peores condiciones para los trabajadores.

Industria Malagueña SA de Antonio Laporte

Con esta olla a presión, el primer conflicto de gran envergadura en la fábrica de los Larios acabó estallando el 20 de julio de 1890. Ese día entregaron a varias operarias “un cuartillo menos” en cada pieza tejida. El problema es que esta no era la primera rebaja que sufrían en los últimos años, por lo que rápidamente se complicó la situación, y tanto fue así que el lunes siguiente dieron marcha atrás intentando aplacar un ambiente realmente caldeado y abonaron la diferencia. Pero ya era tarde, las voces que promulgaban una huelga habían corrido como la pólvora entre las 2.500 tejedoras de la Industria Malagueña.

Tras una primera concentración en la casa de los Larios en la Alameda -palacio hoy desaparecido cuyo solar ocupó el edificio “La Equitativa”- el comité formado entre ellas trató de entrevistarse con sus representantes ante la ausencia de los Larios,  ausencia originada desde unos hechos similares, pues en la huelga ocurrida en 1868, los trabajadores de La Industria Malagueña  presionaron a la familia Larios que en aquella ocasión accedió a pagarles un quinto más de su jornal, pero aún así, algunos trabajadores no se sintieron satisfechos con esta mejora y asaltaron la casa de la familia en la Alameda, con no buenas intenciones, como resultado, las mujeres de la familia huyeron por el tejado; Martín, su hijo Manuel y su sobrino Ricardo fueron capturados, aunque posteriormente rescatados por la milicia. Estos hechos desembocaron en que Martín Larios y su familia abandonasen Málaga en los momentos de mayor crispación para nunca más regresar, al menos en vida, pues Martín solicitó expresamente ser enterrado en el Asilo de las Hermanitas de los Pobres de Málaga tras fallecer en Francia en 1873, pero esta es otra historia.

El Socialista numero 229Volvamos a nuestras tejedoras, en la entrevista con los representantes de la familia pidieron un aumento de sueldo o amenazando con una huelga general, a lo que los representantes contestaron que era inviable por la mala situación económica de la empresa. Inmediatamente el comité se trasladó a la redacción de La Unión Mercantil para explicar a la opinión publica su postura, que iban a cobrar menos y que la industria había expulsado a aquellas que no estuvieron de acuerdo, a lo que, por solidaridad, decidieron acompañarlas todas. Su objetivo no era otro que recuperar el nivel adquisitivo que tenían antes de que empezaran las rebajas.

Las obreras de la Industria Malagueña trabajaban por su cuenta, empleando “14 horas menos cuarto” los días laborables, que era remunerado con 40-50 reales a la semana si eran maestras, o con 20-25 reales si eran operarias, pero tras las rebajas, las maestras no llegaban a 35 reales a la semana. Debido a esto, sus peticiones fueron obstinadas en subir medio real más por pieza en vez de aceptar el cuartillo de real ofrecido por la casa Larios, que no les permitiría recuperar el nivel adquisitivo de antes de las rebajas.

Las mujeres que acudieron los siguientes días a trabajar fueron recriminadas e incluso agredidas por sus compañeras que estaban esperando en la puerta, hasta que a las 10:00 a.m. se vio inútil el funcionamiento de las máquinas con los telares vacíos y se dio orden de pararlas. Los hombres que manejaban dicha maquinaria se trasladaron hasta la Alameda junto a las mujeres para exponer sus peticiones.

El gobernador se vio incapaz de solucionar el problema, pero les aconsejó que depusieran sus ideas de huelga y reglamentaran sus quejas. Por la tarde, el representante de la casa Larios, el Sr. Souvirón acudió a la segunda reunión con el comité de las huelguistas, mientras tres mil mujeres esperaban sentadas en la Alameda, el resultado fue el mismo que en la primera, sin acuerdo.

Historia gráfica de las Diversiones en Málaga durante el siglo XIX, --recorrido a través de una colección familiarLo más curioso resulta la información aportada de esta reunión y las posiciones de cada uno de ellos:

Huelguistas: “Aumento de medio real por pieza con el tiro fijo de 60 metros o si el precio de la pieza sigue como el actual que será reducida la media a vara”
Representante de los Larios: “Que la casa lo sentía mucho pero en vista de como estaba la competencia y el estado de los negocios no se podía pagar mas”
Pariente de los Larios: Aseguraba que los señores Larios no habían cerrado ya la fábrica “porque es el sostén de muchas familias y que no les produce nada a ellos”
Huelguistas: contestaron a esto “Que vivir de esta forma no es vivir”
Representantes: que pueden hacer lo que quieran pero que la casa no aumenta los jornales .

Los obreros mecánicos eran contrarios a la huelga, ni la iniciaron ni participaron en ella, pero la ausencia de las mujeres al frente de los telares hacía innecesario el uso de máquinas por lo que eran despedidos con solo la mitad del jornal. Terminaron acudiendo a los representantes de los Larios pero lo único que recibieron por respuesta es que si querían volver a trabajar tenían que convencer a las mujeres para que se reincorporasen. Ellos contestaron que esto no era posible “pues mientras más días pasan, más indignadas están de que siendo tan justa su petición no se les atienda”. A lo que contestaron que “si no tenían dinero ni comida que se comiesen a las mujeres que tenían la culpa”. Tan salvaje respuesta produjo una enorme indignación hasta “en gentes completamente extrañas a la lucha que se mantiene” y los obreros entonces rogaron al periódico “La Unión Mercantil” que hiciese un llamamiento a la solidaridad obrera.

Cada día las mujeres marchaban a hablar con el gobierno civil y recibían las mismas respuestas, algunas ya incluso preferían morir de hambre que volver a la fábrica. Su cuartel general estaba en calle Jaboneros, allí se reunían los obreros, discutían las líneas generales a seguir y elaboraban listas para repartir las 205,9 pts. que habían recaudado, la mayor parte de otras corporaciones obreras. Pero la situación de las huelguistas estaba llegando a su limite, no estaban preparadas para un conflicto tan largo e incluso algunas ya preferían aceptar el cuartillo de real por pieza y volver al trabajo.

Se solicitó permiso para celebrar una manifestación por la ciudad el 28 de julio de 1890, a la que, horas antes de su inicio ya habían comenzado a llegar obreros de ambos sexos. La manifestación, de unas 8.000 personas, estuvo encabezada por el presidente de la sociedad de Tejedores Mecánicos y el resto de la directiva con el lema “Los obreros de la Industria Malagueña buscan protección del pueblo malagueño. La unión es la fuerza”. Por detrás unas 2.500 tejedoras lideradas por Carmen Collado, Trinidad Portillo, Ana Gallego, María Paniagua y Dolores Conde. Al llegar a la Aduana una comisión de cinco obreras y Rafael Salinas (presidente del Partido Socialista en Málaga) entregaron una hoja que luego fue repartida explicando los motivos de la huelga. Al llegar a la Alameda la manifestación fue recibida con vivas a la unión del trabajo que fueron contestadas con gran entusiasmo, y la manifestación se disolvió pacíficamente.

Foto Vicente Tolosa

Con los inicios de agosto las gestiones con los Larios seguían estancadas, Algunos tejedores mecánicos deseaban desentenderse de la huelga y que fueran ellas las que recaudasen fondos, la respuesta de las mujeres fue que si tan solo las tejedoras habían iniciado el conflicto, tan solo ellas tenían derecho a participar del socorro que se recaudase.

Para canilleras, torneras y undidores que se habían declarado en huelga tan solo por seguir a sus compañeras, esta noticia cayó como una bomba y causó la confusión entre el gremio de tejedores mecánicos que también las apoyaba, muchas simpatías se volvieron indiferencias a consecuencia de esta decisión. Una comisión volvió a ver al Gobernado civil pero este les dijo que “Los Larios antes de ceder prefieren vender la fábrica o traspasarla a una empresa catalana con quien ya están en trato”. Así que, tras esta declaración, acordaron dejar libre de hacer lo que quisiera cada tejedora (cinco fueron al día siguiente aunque no abrieron). Hacia el seis de agosto, los hombres acudieron en masa al trabajo, esperando la incorporación de algunas tejedoras para poder ellos trabajar. Se les dijo que si un número regular de tejedoras se acercaba al jefe indicando su deseo de trabajar se daría comienzo a la producción, esto podría haber dado con el fin del conflicto de no se por el incendiario añadido, “volver como corderos a decir: señor pequé, unos detrás de otros”.

Ante estas palabras muchas tejedoras decidieron antes cambiar de profesión y no volver más a la Industria, ya fuese como criadas o recogiendo frutos. Los obreros crearon una Caja de Ahorros para resistir en caso de otra huelga e inmediatamente se suscribieron trescientos. El golpe de gracia lo dio el gobernador civil con la detención sin motivo aparente de tres hombres que habían estado luchando, y a los que les impusieron 3.000 pesetas de fianza, la Unión Mercantil intuyó que la detención se debía a informes, posiblemente erróneos de la policía secreta. Las últimas actuaciones represivas fueron la retirada del permiso para celebrar reuniones y la carga de la guardia civil contra las mujeres que acudieron a hablar con el gobernador civil para que soltaran a los tres detenidos, lo que fue calificado por Unión Mercantil como “censurable atropello”. El intento por cambiar el lugar de las reuniones al local donde se reunían otras sociedades de trabajadores (Plaza Uncibay) también fue inútil, pues volvió a ser disuelta por la guardia civil.

Finalmente y ante la imposibilidad de continuar, el 13 de agosto, aproximadamente un tercio de los operarios había vuelto, y el jueves 14 ya trabajaban unos 2.000 obreros y 1.300 telares. Unos días después, los detenidos fueron excarcelados.

Entre la firme actitud de la patronal, apoyada por un gobierno conservador, un partido socialista en pañales que no puede llegar demasiado lejos en sus posiciones de fuerza y un movimiento obrero que en 1890 inicia un periodo de organización pero que no estaba preparado para los embates de un conflicto largo, estas mujeres terminaron derrotadas. Pero no todo fue negativo, en el saber colectivo quedó la fuerza que habían demostrado las mujeres de la Industria Malagueña, y que si ellas paraban, paraba la fábrica. De este y de otros muchos conflictos es necesario que saquemos conclusiones, porque en pleno siglo XXI la mujer todavía no ha alcanzado una verdadera igualdad en salarios ni en oportunidades, así que empecemos por creernos el lema “si nosotras paramos, se para el mundo” y luchar para conseguirlo.

Si os ha interesado este conflicto podéis seguirlo en el periódico “La Unión Mercantil” de aquellos días, digitalizado y al acceso de todos en la web del Archivo Diaz Escovar. Fue seguido con atención también en “El Socialista” que podéis encontrar en la Hemeroteca de la Fundación Pablo Iglesias. Además fue recogido y estudiado en su momento en el artículo de Antonio Nadal Sánchez “La huelga de las tejedoras de La Industria Malagueña” publicado en Gibralfaro en 1975. Es un artículo pionero y básico para conocer y entender este conflicto pero pasados 43 años desde entonces, bien estaría revisar de nuevo toda la documentación existente y darle una perspectiva de genero al conflicto… ahí lo dejo.

Fotografías:

[1] Fin de la jornada en la faena de la pasa, hacia 1910, Estampas de Málaga, SUR
[2] Industria Malagueña SA en 3D gracias a Antonio Laporte
[3] Mención al conflicto en El Socialista, número 229
[4] Historia gráfica de las Diversiones en Málaga durante el siglo XIX, –recorrido a través de una colección familiar
[5] Foto Vicente Tolosa

Facebook

Twitter